Después de la Conquista, se llevaron a cabo representaciones teatrales denominadas nexcuitiles, que se utilizaron como forma de adoctrinamiento.

Melchor, Gaspar y Baltazar son el resultado de un invento de la iglesia católica que, en México, se desarrolló después de la Conquista como parte del proceso de evangelización, por lo que a los indios les daba lo mismo adorar a Jesucristo que a Quetzalcóatl; simplemente necesitaban creer en el algo, manifestó la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Elsa Malvido Miranda.
 
Explicó que de acuerdo a los cronistas del siglo XVI, en aquella época se realizaban representaciones teatrales denominadas nexcuitiles o sacramentales, las cuales se utilizaron como una forma de adoctrinamiento para que los indígenas entendieran que había un nuevo dios.
 
En un momento temprano de la Nueva España –agregó-, se representaba la adoración de “los reyes” en lengua náhuatl; los indios cantaban y participaban. En 1570 se escribió en latín una obra en varios actos y escenas en las que se involucraban muchos personajes. Los franciscanos encendían hogueras en las noches del 24 de diciembre y seis de enero.
 
Para la historiadora del INAH, -adscrita a la Dirección de Estudios Históricos-, hasta el momento se desconoce a ciencia cierta cuándo nació Jesús o cuándo llegaron los reyes a Belén. El evangelio habla de magos, nunca dice cuántos. En distintas representaciones iconográficas realizadas en templos durante los siglos III y IV aparecen dos, tres y hasta cuatro de ellos.
 
La tradición del Día de los Reyes Magos procede de una sola y muy breve mención en los Evangelios. Mateo (2, 1-12), donde se habla de unos peregrinos del oriente que llegaron a Judea guiados por una estrella, para adorar a Jesús recién nacido.
 
De manera tradicional se considera que estos "Magos de Oriente" eran babilonios, entre otras cosas por algunos puntos en común con el pueblo judío y porque el resto de Israel estaba rodeado por el Imperio Romano.
 
Sin embargo, muchos investigadores los consideran originarios de Persia (hoy Irán), dado que muchas leyendas que conforman hoy la fiesta de la Navidad proceden de costumbres anteriores al cristianismo.
 
En el siglo IX se dijo que eran 40, mientras que en el siglo XIII se determinó que fueran tres los reyes magos que representaran ideológicamente a los tres continentes y decir con ello que, Cristo fue adorado por todo el mundo conocido en su época.
 
Otras fuentes del cristianismo antiguo (sirias y armenias) pensaron en 12 reyes al relacionarlos con las 12 tribus de Israel o con los 12 apóstoles, mientras que los cristianos egipcios creían que eran 60.
 
Fue entonces que se instituyó que los tres reyes fueran de color de piel blanca, negra y amarilla, así como de edades diferentes. Es así, que en torno a la imagen de Melchor, Gaspar y Baltazar existe gran confusión, porque incluso la Biblia no específica quien es quien en caso de que hubieran existido, apuntó.
 
En Italia medieval se crea esta imagen de los reyes magos. Se traslada a América después de la conquista como una fiesta de adoración al nacimiento de Jesucristo. En algunos países de oriente, por ejemplo, el 6 de enero se celebra la llegada del nacimiento de Cristo, lo que manifiesta toda una serie de variantes de las diferentes iglesias católicas.
 
Elsa Malvido comentó que, de acuerdo con la tradición europea, la celebración del los reyes magos se hacia con personajes humanos dentro de las iglesias. Simbolizando un arcángel se elevaba un niño y cantaba en latín. En nuestro país se hacía lo mismo, pero de acuerdo con las tradiciones de los indígenas, nunca participaba una mujer. La Virgen María era representada por una escultura o un hombre disfrazado de mujer.
 
Como en muchas partes del mundo –dijo-, la celebración del Día de Reyes en México se ha ido adaptando a las nuevas circunstancias. Anteriormente los regalos eran confites y canelones. Había cantos y bailes en torno a esta festividad; sin embargo, ahora es una fiesta más del calendario católico que funciona como parte de un gran comercio en el cual la compra y venta de juguetes es más importante que la propia celebración.
 
“Los niños no saben siquiera quién era San Nicolás, ni mucho menos les interesa el origen de esta festividad”, apuntó la especialista al señalar que en el sur de Italia el dos de noviembre los parientes muertos son quienes llevan juguetes a los niños, mientras que una hada se aparece con una vara  para golpear a quienes se porten mal o entregar un dulce a los bien portados.
 
Con el único afán de explicar la realidad en torno a esta celebración, Elsa Malvido señaló que este “invento” de la iglesia católica se ha convertido en una “ensalada” en donde intervienen diferentes costumbres.
 
“De ahí hasta la existencia de los animales que montaban los reyes magos o del oro y la mirra para venerar a Jesús, se han sobrepuesto otras fiestas, sobre todo del calendario romano y que tienen que ver con solsticios o equinoccios”, dijo.
 
La fiesta de la "Epifanía" o de los "Santos Reyes", como se conoce ahora, tiene su origen en Oriente y surgió en forma similar a la Navidad de Occidente, cuando los paganos, en Egipto, celebraban la fiesta del solsticio de invierno el 25 de diciembre y el 6 de enero el aumento de la luz.
 
Explicó que en el siglo XI, en Sevilla, España, se formó la primera cofradía de negros, ante la presencia de grupos de esclavos de ese color. En la catedral de esa ciudad existía una gran pintura con la imagen de la Virgen adorada por reyes, por lo que el arzobispo, protector de esa sociedad, determinó que el seis de enero se convirtiera en un carnaval de esclavos negros que rendían pleitesía a San Gaspar, defensor de los negros.
 
Incluso, estas asociaciones se extendieron por casi toda América durante la Colonia. Llegaron a La Habana, Argentina y Venezuela, mientras que hasta momento no se han encontrado documentos que avalen la existencia de cofradías de negros en nuestro país, precisó Malvido Miranda.
 
Para concluir, Elsa Malvido destacó que esta “mentira piadosa es una maravilla”. Ver la cara de alegría de los niños cuando reciben sus regalos, no tiene comparación y aunque sostuvo que tendrán una gran desilusión al enterarse de la verdad. “Esta mentira no le hace daño a nadie, y mucho menos a los pequeños que viven en un mundo tan terrible en donde la magia de la imaginación debe perdurar por siempre”, concluyó.

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Gabriel Ulises Leyva Rendón

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