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A la escultura se le eliminará el polvo, se resanarán sus fisuras y se le aplicará color , como cada año, desde 1995

A las 9:40 horas un cohetón anuncia que la escultura del Niño Pa está por llegar. Impacientes, chinelos y gente de Xochimilco esperan en el cruce de las calles de División del Norte y Xicotencatl. Un quinto estallido por fin da la bienvenida a la imagen de este Niño Jesús esculpido en palo de colorín en el siglo XVI y venerado “por cumplir milagros”.
 
Diez minutos después aparece un microbús. Por fin llegó el Niño Pa a su cita anual con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Es escoltado por el mayordomo de este año -luego de 34 de espera-, Alberto Castillo y su esposa Rocío Hernández. Con respeto y cuidado lo cargan como si fuera uno más de sus hijos.
 
Luciendo sus mejores ropas, el Niño Pa se enfila hacia la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), en donde la restauradora Andrea Pérez del Toro, al igual que hace con otros objetos de valor artístico e histórico, lo manejará con el rigor científico que implica la restauración.
 
No más de 200 metros lo separan de lo que por un mes aproximadamente será su hogar. La procesión, acompañada por el estruendo de los cohetes y globos de color blanco, cruza la puerta de entrada de la CNCPC a las10 de la mañana en punto.
 
“Hijito es por tu bien”, le dice al Niño entre sollozos Rocío Hernández, oriunda del barrio de Caltongo, Xochimilco,  mientras su hijo Jesús hace sonar una campana.
Lucero -la hija de los mayordomos- pide a los fotógrafos “no flash”, pues es una de las muchas recomendaciones de los especialistas para mantener en óptimas condiciones al Niño Pa, cuya solicitud para tenerlo en casa llega, hasta el momento, al año 2045.
 
Luz de Lourdes Herbert, titular de la CNCPC los recibe con gusto. Desde 1995 de manera ininterrumpida, la escultura del Niño Pa o Niñopan enfrenta la mano experta de una restauradora, ahora la cuarta en la lista.
 
Sus juguetes, entre ellos un oso de peluche, canicas y un carrito, serán la única compañía de este Niño que, aseguran sus devotos, “cuando los habitantes de la población están entregados al sueño, acostumbra salir para ver cómo van los cultivos. En las mañanas, los que se encargan de cuidarlo encuentran sus zapatitos manchados de lodo”.
 
También se dice que tiene el poder de hacerse invisible y que durante la revolución cristera, cuando los soldados del gobierno quisieron requisar la escultura, no pudieron verla, a pesar de estar frente a ellos.
 
Al Niñopan le gusta hacer travesuras, como cualquier pequeño; cuando está enojado desaparecen las “chapitas” de sus mejillas y si está contento se ve más sonrojado, los ojos le brillan y nos brinda una sonrisa.
 
Siempre duerme en su moisés, en ropa interior. Los mayordomos además de desvestirlo le quitan sus zapatitos y lo envuelven en su cobija, y al día siguiente lo despiertan con “las mañanitas” antes de vestirlo.
 
“No existe un habitante de Xochimilco que desconozca los milagros del pequeño que atiende todas las peticiones que se le hacen: curar enfermedades, problemas amorosos, sociales o económicos; en fin, cualquier cosa que se le pide la resuelve”.
 
La escultura del Niño Dios, de 51 centímetros de largo y un peso de 598 gramos, visiblemente refleja el paso del tiempo. Su rostro y cuerpo presentan varias fisuras debido a la humedad y cambios bruscos de temperatura, defecto irreversible, pero que se puede controlar con la debida intervención, comentó la restauradora.
 
No han pasado más de 15 minutos cuando con gran dolor, los mayordomos tienen que separarse de su “hijo”.  La comparsa se queda en la “sala de espera”. Nadie más que los responsables del Niño Pa entra al taller de restauración.
 
La hora está por llegar. Como a un bebé verdadero le quitan su ropón. Cuando Rocío llega a la ropa interior pide a los “fotógrafos espontáneos” abstenerse de imprimir sus placas “porque está prohibido cuando lo desnudamos”. La instrucción se respeta y finalmente lo cubre con una sábana.
 
“Aquí lo tienen, es todo suyo. Sabemos y confiamos en el INAH para que nos lo entregue muy guapo”, dijo Rocío sonriente, pero sin dejar de reflejar en su rostro nerviosismo. “No me lo vayan a cambiar porque le puse una marquita por ahí”, remató en tono de broma.
 
Luz de Lourdes Herbert agradeció la confianza que el pueblo de Xochimilco ha depositado en el INAH desde hace 12 años para someter a restauración al Niñopan, luego de peregrinar un año entre la comunidad y sus enfermos para llevar salud y consuelo.
 
La restauradora insistió en las recomendaciones para proteger y conservar la escultura, aunque pudiera resultar casi imposible cumplirlas:
 
No manipularlo, no cambiarlo de ropa todos los días, no colocar veladoras cerca de él, alejarlo de fuentes de humedad (el baño de agua bendita, por ejemplo, puede dañar la pintura), no exponerlo al rayo del sol y mantenerlo en un nicho.
 
Por lo pronto Andrea Pérez del Toro tomará fotografías de la imagen, eliminará el polvo superficial, resanará las fisuras y aplicará color.
 
Por fin, el “hasta luego” llegó. La comitiva pasa por última vez frente al Niño para despedirse, no sin antes avisar que en esta ocasión acudirán, mientras la imagen se encuentre en el taller, cada viernes de 13 a 15 horas para “saber cómo va la cura”.
 
Complacidos los xochimilcas se retiraron seguros de que el Niño Pa estará “bien atendido por el INAH”.