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Fabricación y conservación del instrumento

 Las grandes leyendas europeas en la construcción del violín, el rey de los instrumentos del mundo sinfónico, se concentran en tres apellidos provenientes de la región de Cremona, en Italia: Amati, Stradivari y Guarnieri.

 
Los primeros, una familia que creó la actual forma del violín moderno en el pleno periodo barroco, sentó las bases y las pautas de lo que sería la tradición posterior. Luego, el segundo, de nombre Antonio, llegó a conseguir, con su modelo de violín de “patrón alargado”, un instrumento de gran potencia y brillantez, durante su vida realizó cerca de mil 400 instrumentos de cuerda que le eran adquiridos por reyes y las cortes europeas como la de España y fueron empleados por los virtuosos más afamados, por lo que hasta la fecha son verdaderos tesoros de la música de concierto. Era un laudero que en vida disfrutó de su gran fama a lo largo de Europa.
 
El otro, Giusseppe Guarnieri, en cambio, no era nada conocido y simplemente atendía el mercado local de músicos, con una producción menor, de 250 instrumentos e incluso se corren leyendas de que estuvo preso y que trabajaba sus instrumentos en la cárcel. Pero un buen día sus piezas fueron redescubiertas por el virtuoso del violín, Nicolo Paganini, quien bautizó un instrumento suyo como “el cañón” por su gran potencia y desde entonces comparte gran fama en el mundo de las salas de concierto.
 
Sin embargo, pese a la fama de estos instrumentos, la verdad es que es imposible construir el violín perfecto, pues al igual que el arte musical, siempre dependerá de nociones y de preferencias personales.
 
Así, un violinista puede decir que tal instrumento suena en tonos amarillos, rojos o azules. Otro puede servir perfectamente para la música barroca pero no para la música del siglo XX de autores como Shoenberg, Shostakovich o Prokofiev, que requieren mayor volumen, claridad y fuerza.
 
Suena entre azul y verde, entre naranja y rojo o simplemente amarillo como resulta para el violinista Sebastian Kwapisz, concertino de la UNAM, quien sentencia que un profesional primero escucha el sonido y ya luego verá su hechura física. Podrá ser una mezcla de metales para Oleg Gouk Czerwinski, profesor del Conservatorio Nacional, como oro y plata en cantidades diferentes.
 
Puede ser, también, un cuadro pictórico para un solista como Cuauhtémoc Rivera, en donde el barniz, las vetas de la madera, el toque o la hechura, siempre serán características únicas que se reflejarán en profundidades, brillanteces o superficies.
 
La construcción de violines es un oficio entrañable y solitario que conlleva retos complejos como juzgar si el instrumento suena o no, si es bueno o la dificultad de sacar su primer sonido. Es un recorrido por distintos puntos de vista, por la afectividad, como puede comprobarse en el documental Opus 4 (2007) del director Pablo Gasca Gollás.
 
En él se relata, no sólo la manera como se construye un violín, sino la forma en que trabaja un colectivo de jóvenes lauderos mexicanos, llamado Opus 4. Todos sus miembros son amigos y desde hace tres años decidieron reunirse en un grupo que les permite viajar por toda la República para visitar distintas orquestas que carecen de lauderos propios, y dar mantenimiento a los instrumentos de dichas agrupaciones musicales.
 
“Ubicamos a las orquestas, trabajamos dos o tres semanas con cada una, mostrándoles nuestra labor y nuestros instrumentos. Y es que ni siquiera las orquestas de la ciudad de México tienen un laudero fijo como parte de su personal. Salimos de la escuela y nos encontramos con que no tenemos trabajo, por eso decidimos establecernos como pequeños propietarios”, plantea Andrea Castañeda Flores, laudera y productora del documental.
 
Lo interesante de este trabajo fílmico, plantea su director, es que no existe otro colectivo de lauderos en el país y es novedoso retratar su trabajo pues procuran que este oficio crezca en el medio local.
 
Además, plantea Pablo Gasca, el trabajo fílmico no está pensado para el público de especialistas en laudería, por el contrario, sirve para impulsar la vocación de la gente que quiera estudiar esta especialidad, para los músicos profesionales ya que muchos de ellos no saben cómo se construye un violín y para el público en general.
 
Y es que es un hecho real, prosigue Andrea, que esta actividad no es muy conocida en México y que incluso los músicos nacionales no piensan en los lauderos locales como una opción para encargar instrumentos. Es natural, prosigue, pues la escuela de laudería del INBA apenas tiene dos décadas de existencia cuando en Europa es una tradición establecida hace varios siglos.
 
“Hay lauderos en México que hacen un trabajo interesante, que vean y prueben”, dice la laudera con una sonrisa de convicción.
 
En lo general, en México existe una mayor cantidad de constructores de instrumentos tradicionales, dice Andrea, como es el caso de Paracho, el pueblo michoacano dedicado casi por entero a la construcción de guitarras, jaranas, vihuelas y bajo sextos en general, donde el oficio se aprende de padres a hijos, de una manera gremial en la que el maestro enseñaba su experiencia a sus discípulos.
 
A cambio, la Escuela de Laudería, forma a los especialistas en este oficio en el nivel de licenciatura profesional y es pionera en generar este tipo de aprendizaje escolarizado en el oficio. Esto es una ventaja, piensa, pues en Europa el oficio puede aprenderse de las dos maneras, tanto la gremial como la escolarizada.
 
         Aunque este es un oficio solitario, pues cada quien lo ejerce de manera personal en su taller, enfrenta la contradicción de mantener una vida social amplia para relacionarse con los músicos.
 
La grabación del documental se realizó en el ex taller de Andrea en el Distrito Federal, pues los otros miembros del colectivo residen en diferentes partes del país, Edith Bárcenas en Aguascalientes y Alberto Soria en Mérida. La otra locación fue la Sala Carlos Chávez de la UNAM donde tres importantes violinistas, Rivera, Kwapisz y Gouk probaron los violines de estos tres constructores.
 
El estreno del documental se llevó a cabo en  el Festival de Música de Cámara de Aguascalientes, pues fue realizado precisamente para este encuentro artístico, ya que los miembros del grupo Opus 4 son los lauderos residentes. La idea, surgida de Rafael Machado, el concertino de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes durante el primer festival fue de solicitarle un video sencillo a Andrea que representara cómo se hace un violín.
 
Pero hacer un documental simplemente para presentar cómo se construye un violín, hubiera requerido realizar una serie de cinco películas de dos horas de duración cada una, plantea el cineasta, pero no buscaron realizar un documental didáctico especializado, sino que abarcara al mayor número posible de espectadores.
 
La segunda proyección ocurrió en la Escuela de Laudería del INBA, en Querétaro, de donde son egresados estos lauderos, como parte de las celebraciones por el vigésimo aniversario de este, el único centro educativo de nivel superior especializado en la construcción de instrumentos en América Latina.
 
Finalmente, la tercera presentación de este trabajo, fue albergada en el auditorio de la Escuela Nacional de Restauración Conservación y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM) del INAH.
 
Para mayores informes comunicarse con el cineasta Pablo Gasca Gollás al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. o con la laudera Andrea Castañeda Flores al correo Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..