Imprimir

Especialista del instituto indaga este fenómeno

 
Los vecinos de mayor edad de la unidad habitacional Fuentes Brotantes en Tlalpan, ciudad de México, aún recuerdan el exorcismo que se realizó en 1926 para liberar de malos espíritus a la fábrica conocida como “La Fama Montañesa”, historia que llamó la atención del investigador Mario Camarena Ocampo, para quien el conjuro es muestra de la necesidad de ese entonces por restituir el orden social quebrantado por la Revolución.
 
El experto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), expresó que el estudio de este fenómeno ha permitido entender la mentalidad de un grupo de trabajadores asalariados de principios del siglo XX que, no obstante, carecían de una conciencia de clase obrera. Otro aspecto refiere la manera en que los trastornos en la dinámica colectiva llevan, inclusive, a visualizar “apariciones”.
       
“Por un lugareño quien más tarde fue líder sindical, me enteré que en 1926 el padre Félix de Jesús, uno de los tres exorcistas que en ese entonces se hallaban en México, practicó un conjuro en la fábrica textil ‘La Fama Montañesa’. Según me relató, hacía tiempo que los vecinos estaban atemorizados por la presencia de distintos espectros: un perro negro, ‘La Llorona’  y el ‘Charro Negro’.”
 
El especialista en temas obrero-patronales, adscrito a la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto, explicó que 12 obreros —entre ellos su informante—  participaron en los rezos durante el exorcismo. En el momento de elevar las oraciones, según el relato, “se escuchaba que la tierra rugía y un fuerte viento apagaba los cirios”.
 
Mario Camarena, coautor del libro Manantial de historias. El barrio La Fama Montañesa (2006), explicó que este hecho extraordinario puede explicarse al tomar en cuenta distintos aspectos, el primero de ellos, referente a la propia fundación de ‘La Fama’ en 1831 en la entonces Hacienda del Arenal, en el rural Tlalpan.
 
“En realidad, durante las primeras décadas de la fábrica, quienes trabajaban en ella lo hacían por temporadas, se trataba de campesinos que regresaban a sus milpas en tiempos de siembra y de cosecha. Ya para principios del siglo XX, cuando laboran de tiempo completo en ‘La Fama Montañesa’ lo hacen incorporando toda esta cultura más bien agraria.”
 
“Es de llamar la atención que en una huelga suscitada en 1918, entre otras demandas se encontraban la de poder ingresar al lugar de trabajo con sombrero y jorongo, además de que se les permitiera tomar pulque. Cada departamento tenía su santo patrón al que se le rogaba para no tener accidentes; es más, en el acta de defunción de un obrero se consigna que éste murió de ‘mal de ojo’”.
 
Camarena Ocampo comentó que otros relatos de vecinos dejan entrever la descomposición social que se vivía en el barrio “La Fama” tras el paso de las huestes revolucionarias. Cabe recordar que Tlalpan fue una zona ocupada por zapatistas, “y en ese tiempo no era extraño escuchar acerca de asesinatos y rapto de mujeres, esto sumado a que los niños pasaron a formar parte de las filas de trabajo.”
       
“Una mujer de edad me decía: Le gente vivía en pecado, sobre todo se faltaba al noveno mandamiento. Es por eso que había muchas apariciones, ‘La Llorona’ correteaba a los que iban tras las muchachas, y el ‘Charro negro’ perseguía a los borrachos.
 
“Todos estos elementos hablan de una trasgresión al orden social. La aparición de perros negros, caballos, chivos, catrines y demás, es en el fondo la proyección del mal visto como un quebranto a lo que debe ser”.
 
Aunque es cierto que hacia 1868, los obreros de la fábrica “La Fama Montañesa” fundaron la Unión Mutual de Tejedores del Distrito Federal y que entre sus demandas en la huelga de 1865 estaban la jornada laboral de 12 horas para las mujeres y que los menores fueran pagados por los empresarios y no por los trabajadores; “también lo es que no habían perdido una lógica propia del campesino”.
 
“Los ex obreros de ‘La Fama’ a quienes he podido entrevistar se saben perfectamente La Internacional (la más famosa canción del movimiento obrero), no obstante al estudiar sus luchas éstas no sólo pueden y deben entenderse en términos sindicales sino también como una necesidad de restablecer patrones culturales como ya se ha señalado”, explicó el historiador.
 
Mario Camarena concluyó que luego de casi 170 años de operación, “La Fama Montañesa” cerró sus puertas definitivamente en 1998,  momento que volvió a realizarse un exorcismo del sitio. Desde entonces, los vecinos luchan porque este espacio se convierta  en una fábrica de artes y oficios con un museo del obrero textil.