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Museo de Santa Mónica

Una colección de 28 piezas de arte sacro de los siglos XVII XVIII y XIX, entre los que destacan esculturas policromadas, óleos, atavíos y objetos rituales pertenecientes al Museo de Arte Religioso de Santa Mónica, en estado de Puebla, han sido restaurados a lo largo de un año por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
 
Luego de su arribo en los últimos meses del 2006, a los talleres de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), en la ciudad de México, para ser sometidas a procesos de restauración integral; el conjunto de piezas en breve será devuelto al recinto museístico para su posible exhibición como parte de su proceso de actualización.
 
Entre las piezas atendidas destacan un par de esculturas talladas en madera con las representaciones de Santa Ana, la Virgen y el Niño y  de San Francisco de Asís, la primera correspondiente al siglo XVII y la segunda al XVIII.
 
En el caso de la talla de la imagen de la trinidad con un peso aproximado de 30 kilos y una altura de 1.5 metros, la labor a cargo de la restauradora Andrea Pérez del Toro, se centró en la limpieza y retiro de barniz que daba una apariencia amarillenta y la restitución de la capa pictórica en las encarnaciones de rostros y manos de los tres personajes.
 
A su vez, la escultura dorada y estofada de 80 centímetros de altura con la imagen de San Francisco de Asís —misma que destaca por haber sido creada con madera ahuecada y cuyo peso no sobrepasa los 9 kilos—, fue objeto del retiro de resanes que le han devuelto su estética, así como de la restitución de una mano que estaba a punto de desprenderse, efectuada por la especialista Roxana Romero Castro.
 
Otra de las obras religiosas que han sido restauradas, es una vestimenta litúrgica que data del siglo XVII, la cual esta conformada por seis partes: manipulo, gremial, bolsa de corporales, estola, casulla y dalmática
 
La indumentaria religiosa de seda brocada e hilo entorchado, presentaba distintos estados de deterioro, particularmente por la pérdida de la trama del tejido, suciedad acumulada y decoloración.
 
El trabajo de restauración de este conjunto de textiles implicó la participación de las especialistas del INAH, Carla Coello, Martha Sánchez, Susana Miranda  y Andrea Pérez del Toro, quienes además de limpiar y humectar las prendas, efectuaron la restitución del entramado hilo por hilo, el diseño de soportes y protecciones exteriores para reforzar cada una de las piezas.
 
Otra de las intervenciones más arduas, fue la efectuada a 18 esculturas de cera de pequeño formato, incluidas sus vestimentas, a cargo de los restauradores Martha Guajardo y Gabriel Rivera, quienes de manera artesanal restituyeron los miembros faltantes de las representaciones que datan de principios del siglo XIX.
 
Las piezas alusivas a los 12 apóstoles y cuatro arcángeles, con dimensiones de 10 a 12 centímetros, formaron parte de los ornamentos de las coronas que portaban las monjas durante su ceremonia de profesión o toma de los votos.
 
La mayoría de las pequeñas esculturas se encontraban muy fragmentadas, algunas sin brazos, piernas e inclusive cabeza, o alas en el caso de los arcángeles, razón por la que fue necesaria la creación de moldes hechos a partir de las piezas más completas.
 
Una vez fabricadas las extremidades necesarias para cada figura, se procedió a hacer los injertos mediante una soldadura de cera creada especialmente para esta colección. Asimismo se corrigieron las deformaciones y decoloraciones que por exceso de calor en el pasado ocurrieron en algunas de las piezas.
 
De igual forma se restauraron las vestimentas en miniatura que portaba cada escultura, mismas que presentaban roturas y un fuerte deterioro al grado casi de desintegrarse por el paso del tiempo. Una vez que las prendas fueron lavadas y humectadas, se corrigieron las tramas y urdimbres aún estando húmedas para que al momento de secarse quedaran en la posición correcta.
 
Mención aparte merecen el par de óleos titulados Arcángel San Miguel y El Jardín Místico, obras anónimas que datan de finales del siglo XVII y principios del XVIII, respectivamente. La primer pintura de 1.16 x 1.16 metros que alude a la escena en la que el arcángel arroja del cielo a Lucifer, fue sometida a una labor de limpieza profunda de su capa pictórica, a cargo de los restauradores Raúl Munguía y Alejandro León.
 
La obra fue objeto de análisis con rayos X,  que permitieron detectar la existencia de la imagen del diablo debajo de una cubierta pictórica en forma de nube negra que presentaba el óleo, que al ser retirada confirmó el hallazgo.
 
A su vez, la pintura El Jardín Místico de 4.5 x 2.80 metros, —en la que se representa el matrimonio de una novicia con Jesús, en un escenario lleno de flores y borregos con tocados negros que representan a las monjas—, también fue objeto de una limpieza profunda para devolverle claridad a las imágenes.
 
La tarea a cargo del restaurador Manuel Rodríguez Aguiñaga, implicó el retiro de una pátina que le fue aplicada en épocas anteriores y que no fue posible retirar con ningún solvente. Después de diversas pruebas de laboratorio se logró quitar esa capa con goma de borrar.
 
Por el formato de la obra, y el tiempo que implicó el retiro de esa capa, el proceso de reintegración de color esta en su fase inicial, razón por la cual la pieza permanecerá por un periodo mayor en los talleres de la CNCPC.
 
El resto de las piezas en breve serán devueltas al Museo de Arte Religioso de Santa Mónica, en Puebla, donde se espera que puedan ser expuestas bajo condiciones especiales de temperatura, humedad y protección, que permitan su adecuada conservación.