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El canto y la música, dañados por graffiti

Alumnos y egresados de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), coordinados por Jaime Cama Villafranca, investigador adscrito a la misma, son los encargados del proyecto de restauración del mural El canto y la música del pintor oaxaqueño Rufino Tamayo.
 
Ubicado en el cubo de la escalera que lleva a la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico de la Coordinación Nacional de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), localizada en el edificio que ocupa el número 16 de la calle Moneda en el centro histórico de la Ciudad de México, el mural dedicado a los deleites musicales presenta daños severos.
       
Después de cuatro meses de trabajo en lo que fuera la Escuela Nacional de Música se han logrado avances importantes en la restauración de esta emblemática obra del siglo XX. Destaca también el proceso fotográfico que se ha levantado así como la consolidación de la obra en caseinato de calcio.
 
Descubrimos que el mural muestra un proceso de oscurecimiento ocasionado por el deterioro de un polímero aplicado al mismo hace tiempo. Sin embargo, pudimos constatar el color original de la obra al retirar un letrero que se colocó encima de la pintura el cual permitió la conservación de esa parte, mencionó en entrevista Jaime Cama Villafranca, restaurador responsable del proyecto.
 
Iniciado este año, el proyecto se encuentra en etapa de limpieza y hasta la fecha se ha trabajado una superficie de 2 metros por 3, misma que se reintegró para apreciar los avances y técnicas utilizadas en los trabajos.
 
Según Cama Villafranca, el proyecto que se retomará las primeras semanas de 2008 concluirá aproximadamente en un año tras devolver la belleza que caracterizó, en un principio, al mural.
 
Actualmente, la obra presenta en general una coloración marrón obscuro que contrasta con el color anaranjado utilizado en su manufactura inicial.
 
Por lo anterior, se llevó a cabo un proceso profundo de limpieza para que los especialistas responsables determinen los sistemas químicos que se emplearán para la remoción de esa capa obscura y devolver la luminosidad que en su momento presentó.
 
A través de observación macroscópica y análisis químicos como luz ultravioleta, reacciones microquímicas y análisis elemental por DRX (difracción de rayos x), fue posible reconocer las reintegraciones cromáticas que presenta la obra en un 80 por ciento de la superficie total.
 
Debido a su ubicación poco convencional, tanto los trabajos de observación como de restauración presentaron dificultad a lo largo del proyecto. El paso continuo de personas derivó en daños intensos que van desde recargarse en él hasta tachaduras y pintas.
 
El mural que está prácticamente escondido y que coincide con el acceso a una escalera, no se libró de sujetos que llegaron a graffitearlo lo que ocasionó su deterioro y la pérdida de su belleza, agregó Cama Villafranca.
 
El catálogo de pintura mural de México, reporta que el El canto y la música es el primero del par pintados por Tamayo, bajo la técnica del fresco. Se debe destacar la importancia de intervenir obra actual y no sólo piezas que datan de varios siglos de antigüedad.
 
Dueño de un estilo único, Rufino Tamayo, contemporáneo de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, se mantuvo alejado de temáticas políticas que distinguían a los mencionados, al contrario, desarrolló una visión particular del México que vivió.
 
Autor junto con otros artistas de la técnica conocida como mixografía, el pintor oaxaqueño posee entre sus obras, la llamada Dos personajes atacados por perros y el resto se han expuesto en museos internacionales como The Phillips Collection y el Guggenheim.
 
Tamayo nació en la ciudad de Oaxaca de Juárez un 26 de agosto de 1899 y murió  en la ciudad de México tras años de vivir en lugares como Nueva York y París, el 24 de junio de 1991.