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FOTO: INAH/PrensaExcavaciones en el Templo Mayor de Tenochtitlán


 

Para muchos, el copal es la sustancia que se quema durante las misas con fines religiosos. Sin embargo, su uso se remonta a tiempos prehispánicos cuando, por el humo blanco que produce al calentarlo, los pueblos indígenas lo utilizaban como vínculo con sus dioses, dándole un sentido mágico y simbólico. Hablando en términos científicos, el copal es una resina que se obtiene por incisión de la corteza de ciertos arboles.  

Este es el tema que aborda el libro “Los copales mexicanos y la resina sagrada del Templo Mayor de Tenochtitlan”, de la investigadora Aurora Montúfar López, editado durante el 2007 dentro de la Colección Científica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La obra presenta un amplio estudio sobre las diversas especies de plantas que producen copal en México, así como los resultados de investigaciones de gabinete del copal rescatado durante las excavaciones en el Templo Mayor de Tenochtitlán, donde se han encontrado cantidades considerables de esta resina.  

Montúfar López comentó en entrevista que por estudios en restos de hojas, se pudo identificar que los copales hallados en el sitio pertenecen a la especie bursera bipinnata, de los cuales se rescataron restos de astillas de su corteza.

Explicó que la apariencia de los restos de copal localizados es diversa: barras en forma de penca de maquey, de bola y figuras antropomorfas que podrían ser alegorías a los dioses.   

En la actualidad los copales reciben distintos apelativos, entre los que encontramos el del copal chino, llamado así por su forma de cabellos rizados; copal santo o copal coahuitl (en voz náhuatl). A pesar de la relevancia mundial del término copal, en México se le llama incienso, sin embargo en el imaginario colectivo no se le relaciona a uno con otro, dijo la especialista.

De acuerdo con Montúfar, cuando los españoles llegaron a México encontraron que se empleaban resinas de olor agradable, pero que además se procesaban en sahumerio para producir un humo blanco que vinculaba a los hombres con los dioses. Esta acción les recordó el uso religioso de la resina del árbol que ellos conocían como incienso.

Por esta razón -señaló- se podría considerar que desde hace 500 años fueron introducidos los términos ”incienso” para nombrar a las resinas de copal e “incensar” a la acción de quemarlas.  A través de sus estudios, Montúfar se percató de que la obtención tradicional de resinas continúa vigente en la región del Alto Balsas. El procedimiento que se sigue es a través de una penca de maguey, la cual se coloca junto a la corteza de tal manera que reciba la resina, esta se endurece al contacto con el aire y, según estudios químicos, se produce por la oxidación de varios aceites de composición compleja.  

La conexión entre la técnica actual y los restos de resina encontrados en el Templo Mayor proporcionaron datos para suponer que los procesos ancestrales de obtención siguen vigentes, dijo.  En cuanto a su uso actual, la especialista comentó que el copal pertenece al grupo de las resinas duras, las cuales se han convertido en materiales necesarios para la fabricación de innumerables productos como pinturas, barnices, tintas, plásticos, adhesivos, fuegos artificiales, jabón, medicinas, entre otros, de ahí su relevancia mercantil.  

Asimismo, en cualquier mercado se pueden encontrar resinas duras o copales de las más variadas formas, presentaciones, colores y olores, incluso en forma de botella de coca cola, ya que dicho recipiente es utilizado para su recolección. Las resinas han sido adoptadas por la sociedad contemporánea para uso relajante, como aromatizantes e incluso como “fuentes de buena vibra”.

 El libro “Los copales mexicanos y la resina sagrada del Templo Mayor de Tenochtitlan” esta editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y pertenece a la Colección Científica de la serie Antropología, México 2007. Aurora Montúfar López es maestra en biología e investigadora especializada en resinas y copales.