Centro del país concentra más del 50 por ciento de los casos

El virus causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH/SIDA) es un padecimiento que ha creado estragos desde principios de la década de los ochenta del siglo XX. Comenzó registrándose en hombres que mantenían prácticas homosexuales, sin embargo, en los últimos años la población masculina y femenina con costumbres heterosexuales se ha convertido en el mayor foco de infección.

  

El antropólogo físico Bernardo Robles Aguirre realizó la investigación denominada: La incertidumbre de una realidad fragmentada: Estudio antropológico sobre la representación del VIH en un grupo de personas con prácticas heterosexuales, por la que obtuvo una mención honorífica como parte del galardón ”Javier Romero Molina”, en la entrega anual de Premios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

De acuerdo con el especialista, la Antropología Física al estudiar los aspectos biológicos y sociales del ser humano, penetra en la particularidad de esta persona para así demostrar que “dentro de la aparente homogeneidad de ‘la gente que vive con VIH positivo’, cada individuo vive, siente, representa y se identifica con él de una forma diferente.

 

“Por lo tanto, el VIH / SIDA se manifiesta en el cuerpo que es la materialización y existencia de nosotros mismos. Al hablar del cuerpo, me refiero a todas aquellas características biológicas, sociales y culturales del ser humano, es la construcción que hacemos de nosotros por medio de nuestra cultura”, expresó el académico adscrito a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

 

El Distrito Federal, el Estado de México y Jalisco concentran a más del 55 % del total de casos registrados con el virus. No obstante, la capital sigue siendo la entidad con mayor índice de infectados en el país. Desde 1983 hasta el 30 de noviembre de 2003, a nivel nacional se habían registrado de manera acumulada más de 50 mil casos de VIH / SIDA, de éstos, sólo 34.9% se encuentran vivos.

 

Hasta el año 2000, en la República se habían diagnosticado 46 mil 870 casos, de los cuales la mitad ya han fallecido, y se estima que por cada enfermo hay de cuatro a seis infectados con el VIH. Asimismo, se calcula que existen entre 116 y 117 mil personas viviendo con el virus, de los cuales 109 mil 350 son población adulta con prácticas heterosexuales.

 

Con estos antecedentes, la investigación se basa en la información obtenida durante el trabajo de campo realizado en los años 2003 y 2004 en la Ciudad de México con un grupo de cuatro hombres de entre 35 y 45 años que decían mantener prácticas exclusivamente heterosexuales y que fueron diagnosticados como VIH positivo debido al escaso, nulo o ineficiente uso de condón.

 

Robles Aguirre partió con la hipótesis de que el diagnóstico positivo a VIH construye cambios de identificación tanto en el individuo portador del virus como en la sociedad en la que vive y se desarrolla. Metodológicamente constituyó una etnografía y se describieron las características culturales del grupo.

 

“Estudiar el VIH desde la perspectiva antropológica permite observar cómo cada individuo, a partir de su diagnóstico positivo y al interactuar en la sociedad, construye, representa e interpreta un sistema de creencias sobre los miedos, los prejuicios y los temores que se han creado en torno a este virus y lo orillan a modificar su forma de ver, sentir y representar su cuerpo”.

 

El VIH / SIDA, dijo, es un problema de salud pública que afecta tanto a hombres como a mujeres y niños, repercutiendo, en mayor medida, en poblaciones donde los escasos recursos económicos alimentan una deficiente información acerca del virus, causando una baja calidad en el sector salud.

 

En este sentido, el VIH es un padecimiento totalizador, ya que implica al grupo familiar, social y cultural al que pertenezca el portador, quien tiene la posibilidad de infectar a su pareja y a su grupo familiar, “Ello crea un reordenamiento no sólo de sus prácticas corporales cotidianas sino también de las formas de relacionarse con su grupo social.

 

“El VIH se ha convertido en un padecimiento ‘clandestino’, logrando un bajo índice de prevención y provocando que los posibles infectados encuentren preferible padecer la enfermedad en anonimato por temor a ser discriminados, estigmatizados o segregados de su grupo familiar. Así, se han convertido en grupos públicos marginados, sin la oportunidad de ser atendidos médicamente.  

 

“Cabe enfatizar que una forma de controlar el riesgo de contagio es a través de estrategias desarrolladas por las instituciones públicas y privadas, así como por los grupos familiares en su conjunto”.

 

Un dato relevante es que de los cuatro casos estudiados sólo uno vivió la infección, el padecimiento y la muerte de su esposa y de sus hijos, todo ello a causa del virus. “En este caso y siguiendo a Le Breton, la separación del ser amado expresa e implica una experiencia de soledad que se vive, se experimenta y se transmite dentro y fuera de nosotros”.

 

El experto recordó que el VIH puede transmitirse por tres vías: sexual, sanguínea y perinatal. Sin embargo, se ha demostrado que no todas las personas que han mantenido relaciones sexuales con seropositivos han resultado infectadas. Esto se debe a que cada organismo actúa de forma diferente ante el contacto con el virus.

Atención a medios de comunicación

 

Gabriel Ulises Leyva Rendón

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