Enrique Florescano

Enrique Florescano recuerda con emoción su paso por el INAH. Foto: Melitón Tapia, INAH.

 

 

 

*** El historiador rememoró su estancia en el Departamento (Dirección) de Estudios Históricos, y como director general del instituto

 

*** A propósito de sus 80 años de edad, destacó que el INAH es una gran institución que cuenta con una pléyade de nuevos pensadores

 

“Empecé a trabajar en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en los años setenta, ahí tuve una de las épocas más felices de mi vida porque el director general, en ese momento, Luis Ortiz Macedo, y luego Guillermo Bonfil, me dieron la oportunidad de colaborar con nuevos historiadores, pensadores y creadores, quienes posteriormente, 10 o 15 años después, fueron fundamentales en la historia nacional”, recordó el historiador Enrique Florescano.

 

 

El doctor en historia por la École Pratique des Hautes Études, en Francia, quien recientemente cumplió 80 años de edad, rememoró con emoción su paso por el INAH —primero al frente del Departamento (hoy Dirección) de Estudios Históricos, de 1977 a 1982, y después como director general de 1982 a 1988—, ya que durante su ingreso al centro de investigación contó con la colaboración de Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Héctor Aguilar Camín, José Joaquín Blanco, Antonio Saborit, Solange Alberro, entre otros.

 

Ante la llegada de esta pléyade de pensadores al INAH, se crearon seminarios como el de Historia de la Cultura Nacional, Formación de Grupos y Clases Sociales, Historiografía Política y Social, Historia del Arte, entre otros, lo que colocó a la institución a la cabeza de la reflexión sobre el aporte de la cultura nacional a la historia en México.

 

Destacó que además se invitó a investigadores de países como Francia o Estados Unidos a trabajar en conjunto con los del instituto, lo que convirtió al INAH en centro de ebullición.

 

Florescano afirmó que durante su gestión como director general del INAH  vivió sucesos agradables, como el haber conocido la riqueza arqueológica de México al recorrer todas las zonas arqueológicas, “fui el primero en hacerlo”.

 

En contraste, dijo, uno de los episodios difíciles a los que se enfrentó fue el robo al Museo Nacional de Antropología (1985), suceso que recuerda como “una experiencia terrible” que, sin embargo, le enseñaron mucho, ya que fueron importantes para su formación personal.

 

Sobre la serie de homenajes que diversas instituciones en México como la Secretaría de Cultura, el Fondo de Cultura Económica, la Universidad Veracruzana y la Secretaría de la Defensa Nacional, entre otras, le han rendido o rendirán por sus 80 años de vida, Florescano se dijo agradecido.

 

“Nunca pensé que llegaría a los 80 años, y sano, es algo extraordinario. El homenaje para mí es motivo de gran satisfacción, reconocimiento y agradecimiento, porque como he dicho muchas veces, lo que he hecho, a mis 80 años, es un producto social, desde muy joven trabajé en equipo, desde que estaba en la Universidad Veracruzana”.

 

Uno de esos festejos se celebrará el 12 de julio, a las 12:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, donde la Secretaría de Cultura le rendirá un homenaje. Más tarde, a las 19:00 horas, en la Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica será presentado el libro Enrique Florescano: Semblanzas de un historiador, editado por la Universidad Veracruzana.

 

Sobre la disciplina que le ha dado muchas satisfacciones, Florescano destacó que en la época de los años ochenta, a fines del siglo pasado, la historiografía mexicana cambió, y amplió su campo de investigación al vincularse con las ciencias sociales: geografía, demografía, antropología, entre otras, y se dejó de estudiar la historia política como tema fundamental, por lo que se empezó revisar la historia social, la de los obreros, la agraria, la de las mujeres, de las revueltas, entre otras.

 

Con las transformaciones políticas y tecnológicas que se viven actualmente, se ha modificado la forma de reflexionar sobre el pasado, los actuales historiadores, que cuentan con menos de 40 años de edad, están trabajando en nuevos campos con rigor y seriedad asombrosa.

 

Para el maestro en Historia Universal por El Colegio de México, la tarea actual del historiador es adaptarse a las nuevas tecnologías, que no han sido adoptadas en el sistema de enseñanza. “Ahí es donde estamos atrasados, para muchos alumnos de escuelas de nivel básico, la historia es una materia aburrida, se les hace aprender fechas y no el significado de los hechos, y eso ocurre con las nuevas tecnologías, que captan la atención de las niñas y niños, quienes asimilan el mensaje que viene del exterior, pero no les estamos enseñando a pensar, a comprender el significado”, expuso.

 

Enrique Florescano expuso que antes se tenía una historia oficial que fue dictada hasta 1968, incluso los libros de texto eran su transmisor. Ya en los noventa se hizo un libro donde se cambió la interpretación de los Niños Héroes, del Pípila; se mostró una visión diferente de Porfirio Díaz, la parte positiva de su gobierno, no sólo como el tirano que la historiografía vio posterior a la Revolución.

 

“Esta visión ya está en los libros de texto, que ahora hacen historiadores profesionales de la UNAM, El Colegio de México, entre otras instituciones, que tienen su propio criterio. Hay interpretaciones diversas de la historia, ya no hay un monopolio de la misma”, finalizó el director de Proyectos Históricos de la Secretaría de Cultura.

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Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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