Arte Religioso

Esclarecido solar de las religiosas recoletas de nuestro padre San Agustín y vidas de las insignes hijas de sus Conventos, Con Privilegio. Foto Fabián Valdivia INAH.

 

 

*** La exposición Las puertas del libro: portadas, grabados y frontispicios resalta la evolución e importancia que estos elementos tuvieron entre los siglos XVII y XVIII

 

*** Entre las 21 publicaciones exhibidas destaca Obras de Ludovico Blosio (1619), la cual, conforme investigaciones recientes, fue escrita parcialmente por Cervantes

 

Un recorrido por los cambios morfológicos del libro impreso, así como de la importancia que hasta el siglo XIX tuvo el “juzgar a una publicación por su portada”, se ofrece en la exposición Las puertas del Libro: portadas, grabados y frontispicios, que hasta el próximo 29 de mayo podrá visitarse en el Museo de Arte Religioso, Ex Convento de Santa Mónica, en Puebla.

 

Integrada por 21 obras de los siglos XVII y XVIII, acervo de este antiguo recinto monacal adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) desde 1940, la muestra detalla la función de ciertos elementos que hoy se han perdido o tienen notables cambios, al tiempo que destaca la información que con ellos puede obtenerse respecto a lugares de impresión, privilegios reales, mecenazgos, o incluso hábitos de lectura, entre otros.

 

“El pie de imprenta de una portada hablaba de la calidad de una publicación, ya que los talleres de Amberes, en Bélgica, eran considerados mejores que los de Madrid; en otro caso, puede reconocerse a través de los grabados la marca de impresores renombrados”, indicó Fabián Valdivia Pérez, curador de la muestra.

 

Además de ser la primera vez que el museo desarrolla una exposición enteramente sobre su colección bibliográfica, ésta tiene el objetivo de repensar al libro como un espacio de conocimiento al cual se accede. No es casual, comentó el experto, que el término “portada” se haya tomado de la arquitectura.

 

La portada tipográfica, abundó, se distingue por mostrar en la primera página interior, a diferencia de las actuales encuadernaciones externas, datos como el título de la obra, su autor, dedicatoria y pie de imprenta (lugar, fecha e impresor).

 

Las portadas grabadas se producían con moldes que incluían pequeñas imágenes en madera o metal (comúnmente puestas entre el título y el pie de imprenta) para dar cuenta del sello distintivo del taller, la imagen de alguna advocación religiosa o la heráldica del autor, el mecenas o el personaje a quien se dedicaba la obra.

 

El frontispicio era también una imagen grabada pero que no necesariamente contenía los datos del libro, sino a menudo ilustraciones de tipo religioso; otro de sus rasgos es que no siempre se colocaba en la primera página interior, a veces era ubicada a la vuelta de ésta o después del índice.

 

De acuerdo con el matemático y maestrante en historia del arte, tales conceptos corresponden a los tres módulos en que se divide la exhibición y se acompañan de piezas únicas, como la séptima edición de Obras de Ludovico Blosio (1619), libro que según una reciente investigación del filólogo español Francisco Rico, fue parcialmente escrito por Miguel de Cervantes, pese a estar firmado por el impresor Juan de la Cuesta, en cuyo taller se elaboró la primera edición del Quijote.

 

Conforme la citada investigación, además de los rasgos grafológicos, de estilo y la cercanía entre De la Cuesta y el autor de las Novelas ejemplares, un rasgo clave es la dedicatoria a la Virgen de Atocha, a la cual era devoto Cervantes, y cuya imagen no coincide con las grabadas en ediciones previas de la obra.

 

“El ejemplar que se podrá ver y que, por cierto, es el único en México, se comparó con una edición que conserva la Universidad de Sevilla, y se comprobó que sí corresponde a un texto cervantino, ahora en resguardo del Ex Convento de Santa Mónica”, explicó Fabián Valdivia, luego de hacer notar que éste tiene una portada manuscrita, copiada de la original que por alguna razón se perdió.

 

También se mostrará un frontispicio de 1679, impreso en la biografía de Isabel de Rocabertí, dominica cuya obra e imagen verdadera (o vera efigies) fue prohibida por la Santa Inquisición dada la controversia que causaron sus visiones divinas y escritos en torno al culto de los huesos de Cristo.

 

Valdivia Pérez señaló que el texto denota los hábitos de lectura de las religiosas agustinas recoletas de Santa Mónica, ya que a pesar de que el Índice de Libros Prohibidos ordenaba que fuera destruido, el ejemplar resalta por su buen estado de conservación.

 

Entre otros libros que podrán apreciarse en Las puertas del Libro: portadas, grabados y frontispicios, destacan las Obras y la Biografía de Juan de Palafox y Mendoza, fechadas en 1762 y 1682, respectivamente. El experto comentó también que dadas las buenas condiciones del acervo, ninguno de los 21 libros requirió restauración.

 

La exposición permanecerá hasta el 29 de mayo próximo en el Museo de Arte Religioso, Ex Convento de Santa Mónica, de 10:00 a 17:00 horas. El acceso es de 40 pesos de martes a sábados, excepto estudiantes, maestros y adultos mayores con credencial vigente. Los domingos la entrada es libre.

 

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