*** La historiografía ha vuelto la mirada hacia este grupo indígena, cuyas últimas publicaciones datan de los años 80
 

*** Hugo Cotonieto Santeliz, antropólogo del INAH, ha ido esclareciendo en la última década el concepto que los xi’iuy’ y xi’ói’ mantienen de su territorio


Los pames del norte, xi’iuy’, y los pames del sur, xi’ói’, de San Luis Potosí entraron al nuevo milenio experimentando un proceso de reivindicación de su identidad, arraigo vinculado con una idea muy particular de lo que es el territorio y que el antropólogo Hugo Cotonieto Santeliz, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha ido esclareciendo en la última década.

Hugo Cotonieto es de los pocos investigadores que ha retomado el estudio sobre este grupo indígena, ya que, en sus palabras, la historiografía parece haberse detenido en los años 80, periodo del que datan las últimas publicaciones sobre el tema. Tomando en cuenta la visión de los pames sobre un espacio que consideran indivisible, los estudiosos han vuelto la mirada hacia ellos.

El interés del antropólogo del Centro INAH San Luis Potosí es conocer cómo se “articulan” las comunidades pames. La construcción de la territorialidad juega un papel central en esta cohesión social, pues si bien hay variantes dialectales entre la pamería del norte y la del sur, “se observa una continuidad respecto a la representación del territorio y de los rituales, desde Ciudad del Maíz, municipio límite con Tamaulipas, hasta poblaciones sureñas como Santa María Acapulco, próximas a Querétaro”.

En el contexto prehispánico, explicó, los pames se desplazaban y ocupaban espacios de un extenso territorio mucho más al sur, desde Zimapán (actual estado de Hidalgo) hasta la parte media de Guanajuato y Querétaro. “En estas regiones ya no hay pames, excepto en San Luis Potosí”, anotó el autor del libro No tenemos las mejores tierras, ni vivimos en los mejores pueblos, pero acá seguimos. Ritual agrícola, organización social y cosmovisión de los pames del norte.

Los pames, xi’ói’ y xi’iuy’, palabras que los autodefinen como los “verdaderos hombres”, comenzaron a verse fuertemente presionados con la llegada de los conquistadores españoles. Éstos los consideraban entre los grupos chichimecas; aunque su “pacificación” no fue tan complicada, la resistencia que mantuvieron permitió su subsistencia, a la par que iban siendo orillados al norte de su territorio.

Según lo consultado en fuentes, se les replegó incluso al sur del hoy estado de Nuevo León y ciertas áreas de Tamaulipas. El largo periodo colonial representó “un estira y afloja continuo”, comentó Hugo Cotonieto. Los misioneros franciscanos lograron congregar a unos cuantos en pueblos, pero muchos pames huían hacia los montes, en lo profundo de la Sierra Gorda de Querétaro.

“Antes de esta época los pames nunca habían vivido congregados en pueblos, eran grupos más bien seminómadas, con circuitos de ocupación en algunas zonas”, explicó el antropólogo.

Aunque dispersos en suelo potosino, con una presencia importante como en el caso del ejido La Palma (municipio de Tamasopo), donde se concentra una treintena de comunidades, los pames mantienen una identidad ligada al territorio que, a su vez, se articula con un calendario ritual.

“El costumbre” (tradición), herencia de sus antepasados y sustento de la identidad étnica, se guarda con celo en lugares del municipio de Santa Catarina, como Santa María Acapulco y La Compuerta. En el ejido de La Palma destaca la tradición que se mantiene en Agua Puerca y La Manzanilla. “En Ciudad del Maíz y en Alaquines, donde se ha dado un proceso de mestizaje, permanecen comunidades netamente pames.

“En Agua Puerca las delimitaciones territoriales son los cerros y montes, donde hay una serie de mojoneras, en las que se lleva a cabo actividad ritual constante, sirviendo al mismo tiempo como marcas de inclusión y exclusión respecto de los pueblos mestizos, no así de otros ranchos indígenas como La Manzanilla, de donde llegan a ofrendar a los cerros de Agua Puerca.

“A partir de esta concepción local de territorio, se considera que la sierra es el lugar donde habitan los indígenas, en contraste con los valles y planicies donde están los pueblos mestizos, el ‘afuera’ respecto del territorio donde se reproduce la comunidad pame”, explicó el experto.

En esta configuración espacial, intervienen concepciones donde el mundo está dividido en tres ámbitos existenciales: “el mundo de arriba”, la tierra y “el mundo de abajo”. “Esos espacios se dinamizan con el movimiento del tiempo, concebido como una secuencia de estaciones y temporadas cuya lectura sirve para organizar el trabajo agrícola en tiempo de vida y tiempo muerto: el primero, época de lluvias, y el segundo, concebido como la temporada en que ‘la vegetación se muere y el campo descansa’”.

Detrás de la reflexión que las propias comunidades se han planteado sobre lo que es ser pame, xi’iuy’ y xi’ói’, “está su preocupación por resaltar y decir que su territorio no es como cualquier otro lugar sino que tiene significados, en él habitan entidades sagradas, y por tanto no puede ser fragmentado”, concluyó Hugo Cotonieto. 

 

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