Códice Maya de México
Libro "El Códice Maya de México", antes Grolier. Foto Mauricio Marat, INAH

 

*** Las tres novedades editoriales se acompañan de los más recientes y completos estudios científicos y humanísticos relativos a cada manuscrito prehispánico

 

*** El facsimilar del Códice Dresde no está a la venta en formato físico, pero se encuentra disponible al público en una página electrónica diseñada por la BNAH


 

“Debería darnos vergüenza haber llamado a estas gentes bárbaras, porque el gran conocimiento que tuvieron del calendario, es mucho mejor que el nuestro”. Con la guía de estas palabras del erudito novohispano Antonio de León y Gama, se presentaron en la XXIX Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH) los facsimilares de los códices Tonalámatl de Aubin y Dresde, así como el libro El Códice Maya de México, antes Grolier.

Editadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las publicaciones tienen el objetivo de difundir en la mayor cantidad de audiencias —a través de versiones lo más cercanas a sus referentes en cuanto a forma, trazos, colores e incluso materialidad—, documentos que dada su antigüedad o por el hecho de que se encuentran en repositorios extranjeros (caso del Códice Dresde) tienen un acceso en extremo limitado, incluso restringido a muchos de los investigadores que los estudian.

Otra valía de estas tres novedades editoriales es que se acompañan de los más recientes y completos estudios relativos a cada uno de los manuscritos prehispánicos, se indicó en tres mesas de diálogo moderadas por Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH); espacio que resguarda a los códices Maya de México y Tonalámatl de Aubin, y que se ostenta como el mayor acervo de estas piezas a nivel nacional.


Códice Maya de México: el más antiguo y estudiado en el mundo

La presentación del libro El Códice Maya de México, antes Grolier, que contó con los comentarios del epigrafista Érik Velásquez García y de la restauradora Sofía Martínez del Campo Lanz, fue definida como el punto culminante para un proyecto de análisis transdisciplinar que, coordinado por esta última investigadora y Baltazar Brito, ratificó como auténtico a este texto maya y confirmó que su elaboración ocurrió en el periodo Posclásico Temprano (1021 - 1154 d.C.).

El proyecto reunió entre 2017 y 2018 a un amplio grupo de expertos del INAH, la UNAM, el Cinvestav Querétaro y la Universidad de Colorado, en Boulder: historiadores del arte, restauradores, entomólogos, arqueólogos, epigrafistas y botánicos, entre otros; lo cual, declaró Martínez del Campo, le dio no únicamente el título “del manuscrito legible más antiguo de América, sino también del códice más estudiado a nivel mundial”.

La restauradora añadió que como efecto del anuncio de la ratificación de autenticidad, se obtuvieron tres productos: un coloquio, la exposición temporal "El Códice Maya de México. Eslabón, fuente y testigo" (abierta hasta el 28 de octubre en el Museo Nacional de Antropología) y el citado libro.

Esta obra, aunó, hace un recuento del devenir del códice aparecido en 1971 dentro del Club Grolier de Nueva York, a la vez que detalla cada uno de los exámenes que le fueron practicados. Incluye también la reproducción, en un soporte contemporáneo, de los 10 pliegos que los integran.

“Por casi cinco décadas se mantuvo una controversia respecto a la originalidad del códice. Con este libro exponemos nuestros resultados y nos abrimos el debate”, anotó Baltazar Brito, al mencionar que, si alguien busca refutar lo hallado, tiene en el libro toda la información necesaria para replicar los exámenes y encuentra en él las comprobaciones hechas ante laboratorios internacionales como Beta Analytic.

El proyecto de la BNAH es que el Códice Maya de México también esté a futuro disponible de manera digital.


Códice Tonalámatl de Aubin: almanaque prehispánico traído a la modernidad

El segundo de los facsímiles presentados fue el de este documento nahua, que se teoriza habría sido elaborado en el siglo XV por manos tlaxcaltecas, y que de acuerdo con su traducción literal (papel de los días), es un almanaque de 260 jornadas usado como carta natal y calendario ritual.

El titular de la BNAH señaló que el Tonalámatl de Aubin es el tercer códice, luego del Mendocino y el Boturini, que la BNAH reproduce y pone a la disposición del público en una edición totalmente fiel a su original: en tamaño (4.95 metros por 27 centímetros), iconografía y material, ya que está impreso en papel amate.

Se acompaña, dijo, por un texto de su autoría en el que recuenta los avatares del códice: su extracción del país en el siglo XIX a manos de Frédéric Waldeck, su paso por la biblioteca de Joseph Aubin —de quien tomó el apellido— y su retorno a México a finales del siglo XX.

Cabe apuntar que el Códice Tonalámatl de Aubin puede consultarse en el acervo en internet de la Mediateca del INAH.


Códice Dresde: “repatriación virtual”

En el mundo solo se conocen cuatro códices prehispánicos mayas: París, Madrid, Dresde y Maya de México, “los cuales bastan para trabajar en ellos por al menos 100 años más”. Así lo consideró el epigrafista Érik Velásquez, al comentar la presentación de la página en internet del Códice Dresde (www.codicededresde.inah.gob.mx) junto con un facsímil en papel amate elaborado por la BNAH, que aún no está a la venta en formato físico.

No obstante, recalcó el académico de la UNAM, la plataforma digital incluye dos facsimilares: uno apegado al estado actual del códice, y otro que reproduce cómo se encontraba en 1892, antes de que fuera decolorado por el agua que se usó para sofocar un incendio en la Biblioteca Real Pública de Dresde, causado por el intenso bombardeo que sufrió esta ciudad alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

Baltazar Brito refirió que la versión de 1892 se apega a una reproducción hecha entonces por Ernst Förstemann, director de aquella biblioteca, quien fue capaz de descifrar más de 80 por ciento de la estructura numérica, astronómica y calendárica del códice, y que en aquel año publicó sus indagaciones en una edición de sólo 60 ejemplares, uno de los cuales se resguarda en la BNAH.

“Por mucho tiempo, el enigma sobre el contenido del Códice Dresde se debió en primer lugar a que los escribanos, o ah tz’ ib, en lengua maya, que lo elaboraron y eran las únicas personas con el conocimiento para interpretarlo, fueron perseguidos por la Iglesia y los conquistadores españoles, de manera que no pudieron transmitir su saber a nuevos discípulos”.

Agregó que esta “repatriación virtual” del manuscrito —que al igual que el Códice Maya de México, es un almanaque adivinatorio vinculado en parte con Venus, planeta que para los mayas era causante de calamidades al provenir del inframundo— se acompaña de herramientas multimedia, elaboradas con riguroso apego académico, que permiten al usuario conocer el calendario maya e incluso convertir cualquier fecha del sistema gregoriano a la cuenta larga de los antiguos mayas.

Apuntó que en la página web se encuentran disponibles tres ensayos elaborados ex profeso: uno del doctor Stanislaw Iwaniszewski, y dos del propio Érik Velásquez. Asimismo, existe un apartado con entrevistas en video a connotados investigadores que se han interesado por este códice: John Chuchiak, Nikolai Grube, Ivan Sprajc y Miguel León-Portilla.

Brito y Velásquez hicieron una especial mención del arqueólogo Alfonso Lacadena, quien falleció en febrero pasado y participó en el proyecto con una entrevista relativa al origen de la escritura en la América prehispánica y los detalles pictográficos del Códice Dresde. A él y a su legado dedicaron la presentación de la plataforma y el facsímil.


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